Sandra Cecilia suárez García

IED. Magdalena Ortega de Nariño, Bogotá D.C.
Reconocimiento: Gran maestro

Biografía

Propuesta

Desarrollo de la corporalidad, a través de la danza

La configuración en la danza como dispositivo para descubrir el cuerpo

Cuando se utiliza el término “Configuración” se hace referencia a   “Dar determinada composición, forma o figura a una cosa” .  En la mayoría de los casos, este término  es utilizado en temáticas que giran alrededor de la  electrónica, la informática, la física y  la astronomía entre otros.

Sin embargo, el término “Configuración” trasciende y empieza a utilizarse en contextos netamente sociales. Ejemplo de ello, la Magíster Isabel Villarroel Mur, con su investigación “La Configuración de la ciudadanía en Bolivia”, a través de la cual hace un recorrido histórico en el que determina los factores que influyeron en el proceso de democratización  de dicho país y  analiza de cada uno de  ellos su influencia en la situación actual.

La palabra “Configuración” en las ciencias sociales  determina, las acciones que el sistema  a través de sus organismos de control,  utiliza para moldear  al ser humano y obtener de él la  acción requerida de acuerdo a los intereses propios. La escuela,   a  lo largo de la historia ha sido concebida como un espacio óptimo para la configuración del ser humano, no solo de su pensamiento  y  de su acción, sino que atraviesa  su cuerpo para moldearlo   de acuerdo a  los requerimientos impuestos por el sistema de gobierno.

La configuración del cuerpo en la escuela, no es un proceso planeado técnicamente, él va inmerso en la cultura de quienes integran este contexto. No se planea mutilar en las niñas sus capacidades corporales, ni  se sistematiza la forma en que se le va a cohibir su desarrollo psicomotor a través de imposiciones  inmersas en el aula de clase. Sin embargo, si es posible  hacer una lectura de las configuraciones corporales que históricamente han atravesado el aula de clase y se han fijado en los cuerpos de los individuos, con el fin de partir de ella y estructurar a su vez nuevas configuraciones que determinen límites más amplios y le permitan al educando un espacio de libertad y auto aceptación desde la corporalidad.

Como bien lo argumenta Cristóbal Pera en su libro “Pensar desde el cuerpo”, cada cuerpo sustenta una experiencia, una identidad, una historia, que son desconocidas en la homogeneidad aparente  del aula de clase. Aunque la lectura de estas identidades  individuales  que ha sido ignorada en la escuela a lo largo de la historia, es posible desde todas las áreas del conocimiento, puesto que en todas ellas el cuerpo y sus proyecciones representan la aprehensión del saber y la trascendencia del mismo en el contexto, es la danza la que en esta experiencia ha intentado hacer más evidente esta lectura con el fin de reconfigurar los límites que la escuela de  por sí ha impuesto en el contexto a tratar.

La Experiencia: “La configuración en la danza como dispositivo para descubrir el cuerpo”

La  IED Magdalena Ortega de Nariño,  fundada en 1962 de carácter femenino, supone un plan de estudios enfocado hacia la formación de la mujer específicamente.

No obstante, antes del año 2002, las estudiantes solo encontraban dos momentos (cada uno de  sesenta minutos) para reencontrarse con su cuerpo (educación física y música) es importante  aclarar que estos espacios han sido de formación tradicional, es decir, siempre hay que seguir una instrucción. Las asignaturas restantes, se desarrollaban en el aula convencional, sus puestos debían permanecer  alineados, con la mirada siempre al frente,  su ubicación debía ser siempre la misma dentro del aula de clase y sus desplazamientos dentro de la institución eran limitados y exclusivos para la hora de entrada,  descanso y salida.

En el año 2002 se incluye la danza como una asignatura obligatoria dentro del plan de estudios, con un espacio de una hora semanal por curso. Este cambio generó múltiples expectativas en la comunidad educativa, en especial en los docentes, quienes en su mayoría, con más de 30 años de experiencia dentro de la misma institución, no consideraban importante asignar otro espacio para el arte, necesitándose más intensidad horaria en las asignaturas que ellos determinaban como “importantes”. Para las estudiantes, este cambio  aunque fue recibido con mucha alegría, no les inspiraba seriedad, sino por el contrario, se convertiría según ellas en un espacio de descanso. Para la rectoría (que era transitoria en ese momento) la danza era necesaria para tener una carta de presentación ante la comunidad.

Empieza entonces  un proceso en danza, totalmente opuesto a las expectativas de la comunidad. Un proceso  que aunque impone una disciplina, tanto en  tiempos de llegada, tiempos de salida, tiempos para un calentamiento, tiempos para crear, tiempos para expresar, tiempos para imitar, cada tiempo dentro del tiempo mínimo de la clase iba marcado con un objetivo claro. También se disciplinó el vestuario, el peinado y la postura, estos parámetros   que daban una organización al proceso, no tenían una pretensión trascendente ni diferente a la de organizar  y configurar como lo describe Foucault en su discurso.

Dicha pretensión no devenía  la inexperiencia de la docente que dirigía la asignatura, ya que a pesar de contar con una estricta formación en danza clásica y contemporánea, sabía que la danza era el camino para la catarsis y el desarrollo de la corporalidad de la comunidad educativa en general.Había un conocimiento acerca de lo que la danza como movimiento puede transformar en el ser humano, pero ello no sería posible sin la disposición de quien recibiría todo este beneficio, las estudiantes, esto permitiría pensar que  la asignatura se convertiría en un espacio de configuración coercitiva en la que el cuerpo sería tratado como un objeto cuya necesidad primordial sería cumplir con un límite estándar en su rendimiento físico, desconociendo su interlocución con la subjetividad.

Sin embargo,  muy por el contrario, el aula de clase, que en un principio era el aula múltiple adaptada muy sutilmente para la danza, se transformó en un espacio liberador para la docente, quién empezó a explorar lo contrario a las imposiciones estudiadas en su formación dancística. Inspirada en Isadora Duncan, Álvaro Restrepo y  Martha Graham, la docente  que en su clase imponía límites disciplinarios; no esperados para dicha asignatura,  invitaba también a sus estudiantes a reconocer dentro de su propio esquema  corporal movimientos que naciesen a través de la exploración. A pesar de lo innovador que resultase dicho proceso en el plantel, no se presentó ningún obstáculo en su desarrollo, por el contrario, se fueron sumergiendo en él estudiantes que deseaban dedicar tiempo extra en su formación personal.

Hasta este momento se estaban estableciendo metas personales en cuanto a desarrollo de habilidades corporales, lo que significa, que a pesar de que todas las estudiantes participaban en los procesos dancísticos, unas cuantas (inicialmente siete estudiantes) dedicaban tiempo extra para  trabajar su cuerpo y así llegar a  cumplir con los mínimos en  resistencia, flexibilidad, coordinación, que se suponen necesarios para la danza etc.

Simultáneamente en este trabajo  físico empiezan a nacer espacios espontáneos de diálogos    acerca de los contextos en los cuales las estudiantes  se desenvolvían, surgiendo temas como el maltrato a la mujer, la drogadicción, la inestabilidad familiar, la preocupación excesiva por tener un cuerpo cuya forma se  acople a los estándares comerciales  etc. Estos diálogos empiezan a motivar en la docente movimientos que   encadenados se transformaban en un mensaje renovador, catártico y revolucionario. Estos movimientos con un mensaje en su fondo transforman las dinámicas discursivas de la clase. Ya no se hablaba entonces de un cuerpo urgido de disciplinas sin un objetivo  final, sino se hablaba de un cuerpo comunicador, un cuerpo mente y un cuerpo espíritu, que renovado en su interpretación, sería renovado en su configuración y así recuperado para cada una de las estudiantes.

Esta tesis inicial, conlleva a la creación de un currículo que reconozca el cuerpo y lo potencialice primero, en el descubrimiento de posibles formas de expresión así estas  se salgan de los límites impuestos y segundo, en su propia emancipación,  determinándose el cuerpo como  el centro del proceso y a través del cual , se puede fortalecer el auto reconocimiento y  así mismo la autoestima y la seguridad de las fortalezas propias, así que  el desarrollo de habilidades físicas resultaba ser en este caso un valor agregado. Este currículo que aunque al día de hoy es cambiante de acuerdo a las características específicas de la comunidad estudiantil, mantiene  sus dos pilares iniciales y llega a ellos a través de múltiples caminos.

Este proceso generó en la comunidad una serie de inquietudes con respecto al camino disciplinar que tomaría la materia, cuando se empezó a mencionar la Danza Contemporánea como la técnica líder en el proceso, todos los integrantes de la comunidad empezaron a prestar atención a las clases y en especial al grupo piloto que practicaba en las horas del descanso, en jornada contraria y en muchas ocasiones los sábados.

Desde la primera función , la cual generó emoción por parte del  colectivo presente, generó en la docente una exaltación física que llenó sus expectativas y le hizo comprender que el cuerpo habla y que en él se contienen todos los mensajes que la palabra desconoce. Así que consultó en las estudiantes que integraban el grupo y se sorprendió al escuchar que ellas guardaban en su interior las mismas emociones que la docente había experimentado.

Este conjunto de sensaciones que trascendían hasta el cuerpo y lograban exaltarlo y emocionarlo, abrió la puerta a la creatividad, a la libertad, a la palabra. Con este discurso sencillo, se empieza a invitar no solo a las integrantes al grupo, sino a la comunidad en pleno a  reconocer el cuerpo, a amar el cuerpo a hablar a través de él y a liberar todas aquellas palabras que se encuentran encadenadas en el alma y que quizás lastiman y piden a gritos ser liberadas. Gritos de auxilio por una necesidad de afecto, de atención, por una urgencia física, económica o quizás espiritual. A partir de esa muestra primera del 8 de marzo, se inicia un camino en que la danza extrae del cuerpo todo su sentir.

Así nace en el IED Magdalena Ortega de Nariño Jornada Tarde, una cultura por la danza la cual se posiciona en la institución, no solo a través de la cátedra sino que el grupo de danza llega a tener 40 integrantes.

A partir de esa primera obra que meses más tarde recibiría el nombre de “Movimiento en…” y que llegara a presentarse en el teatro Municipal Jorge Eliécer Gaitán, se inicia una exploración por los diferentes sentires comunes en las estudiantes, quienes poco a poco empiezan a desempeñarse con más seguridad en el campo de la danza y no por la técnica adquirida dentro de su cátedra, sino por la firmeza y la seguridad con la que empezaban a habitar su propio cuerpo.

Cuando se destaca la presentación que este primer grupo de estudiantes tuvo en el teatro Municipal Jorge Eliécer Gaitán, se hace porque en ellas no era cotidiano recibir un  aplauso, de hecho son pocos los alicientes que los adolescentes de este contexto reciben por parte de quienes los rodean, entonces una función, en un espacio tan reconocido, y con la efusión del aplauso a su labor, generó en ellas un nuevo sentir, un nuevo despertar.

“Creo que ese día mi vida se partió! sabes que bailo, porque de esta forma me siento libre, cómoda, plena, me encuentro, reconociendo lo que soy, lo que no sabía que existía, me siento fuerte, me proporciona placer ;catarsis* siento que hago parte de....creo que bailando me conecto con algo intangible con algo mío, que hace parte de todo.”

Palabras de Tannia Suárez que responden a la pregunta ¿qué sentiste en tu primera función?

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Grupo de Danza Maona (Magdalena Ortega de Nariño

Así pues que nace este grupo piloto que buscaba que sus integrantes se refugiaran y reconciliaran en su propio cuerpo y encontraran dentro de él la fuerza para mostrar a su propio mundo de la vida su ser.  Un grupo que inicia con “movimiento en…” una obra que muestra el deseo de gritar y de huir de la cotidianeidad que atañe a la mujer ama de casa.No fue una obra excelentemente constituida, pero recogía las propuestas de sus movimientos, de sus gestos, de sus sentires, proporcionándoles seguridad de ejecutar un acto pintado por ellas mismas.

Posteriormente se diseñan y llevan a cabo obras que tocan no solamente su contexto más próximo, sino que  se atreven a  despertar su sujeto político interno y empiezan a expresar su insatisfacción hacia el sistema, así mismo se da rienda suelta a un discurso propio que encierra su sentir,  se han hecho diálogos corporales alrededor de la drogadicción, de  la violencia, del amor, de la libertad.

Aunque cada una de las obras tiene un recorrido argumentativo propio, es alimentada por la subjetividad de las estudiantes, ellas  reconocen la historia antes de ser implementada y empiezan a crear su propio personaje, construcción que exige no solo de su capacidad investigativa sino  de  los elementos que desde su interior pudieren constituir este nuevo ser.

Hoy ya se cuenta aproximadamente con un número de 35 a 40 integrantes en el grupo de danza, las cuales no son excluídas jamás, por el contrario, el Grupo de Danza está abierto siempre para desahogar a través del cuerpo, el sentir del alma.Hoy ya está constituido en una plataforma que transforma subjetividades,  disciplina hábitos e indisciplina, libera y desafora  su  interioridad, destacando siempre sus habilidades y cediendo toda la importancia que sus propuestas merecen.

El grupo de danza se ha posicionado en la localidad  por la calidad del trabajo, pero dentro de la institución ha logrado definirse como una estrategia capaz de rescatar subjetividades, que son capaces de sonreír sin depender de su forma estética, ni de sus rendimientos académicos, ni de lo que en sus hogares se evidencia.

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